Archivo mensual: septiembre 2015

Adictos a lo negativo

televisor

No sé si sólo es cosa mía, pero tengo la sensación de que este verano que termina ha venido marcado por un montón de noticias terribles. El constante drama de los refugiados que tratan de acceder a Europa, además de toda clase de accidentes, incendios y crímenes espantosos han llenado a diario los periódicos y los informativos de radio y televisión.
Echando la vista atrás me pregunto si realmente ha sucedido algo positivo durante estos últimos meses.

Precisamente durante esos días en los que me sentía abrumado por tantas tragedias leí un artículo en la web de la Cadena Ser titulado: “¿Por qué nos gustan los personajes malvados?” El autor, David Redondo, recordaba que, en general, los protagonistas de las series más exitosas de la televisión son individuos violentos y poco recomendables, y advertía de que estamos ante una nueva tendencia en la ficción. Pensé en las series que he visto últimamente y concluí que es cierto. En esas historias de éxito al final todo el mundo esconde algo oscuro.

Me pregunté por qué ese abuso de los aspectos más sórdidos de la condición humana en las películas y las series contemporáneas ya que, afortunadamente, en la vida real todavía quedan muchas personas buenas (entre todos los seres humanos que he conocido puedo recordar a un puñado de personas bondadosas, mientras que no creo haberme encontrado a nadie completa y rotundamente malvado). Por un momento sopesé si el motivo no sería simplemente que con esos personajes siniestros los guionistas tienen más posibilidades de lograr la tensión, el conflicto necesarios en cualquier buena historia. Pero la realidad es que también lo inaceptable, lo directamente aberrante, ha salido de la ficción para instalarse hasta la náusea en los informativos de casi todas las cadenas de televisión. Así que seguramente la explicación es más compleja. Por alguna razón se diría que lo negativo nos llega de un modo directo, capta de inmediato nuestra atención y crea una sacudida emocional que tiene algo de adictivo.

Los editores de los informativos hace tiempo que tomaron nota de eso. Basta con ver la televisión un día cualquiera para comprobar la inquietante deriva hacia lo morboso que se extiende por todos los canales como una especie de enfermedad moral. La gran mayoría de los noticieros dan prioridad al relato de toda clase de tragedias (sin olvidar la nueva moda de las enfermedades, que parecen haberse convertido ya en una sección informativa con personalidad propia). Recuerdo que no hace tantos años todos esos contenidos quedaban relegados a un pequeño espacio justo antes de los deportes o simplemente no se mencionaban. Por otro lado, cuando los informativos relatan una historia de superación personal o de generosidad hacia los demás lo hacen cayendo en un simplismo infantil, en la pura sensiblería (otra vez en busca del impacto emocional).

Es como si ahora mismo nada pudiera escapar a esa tiranía.

Telecinco es un ejemplo extremo. Su informativo puede comenzar con un vídeo casero sobre cualquier cosa: inundaciones, accidentes, fuegos, un toro embistiendo a una persona… (el motivo no importa demasiado siempre que consiga atrapar la atención del espectador). La gota que colmó el vaso de mi paciencia en este verano tan complicado fue un vídeo emitido en ese mismo canal en el que una cigüeña arrojaba al vacío a sus polluelos para salvarlos del incendio que arrasaba el campanario donde había anidado. El presentador anunció que uno de los dos polluelos se había salvado, y advirtió que, tras una pausa, observaríamos otra noticia con animales como protagonistas: en este caso la angustia de una mamá pato al ver cómo una de sus crías se precipitaba por una alcantarilla. “Esto no es información; no puede serlo”, pensé. Y entonces, como en una revelación, tuve la certeza absoluta de estar siendo manipulado, dirigido emocionalmente. Cambié de canal asqueado. “Me niego a que esos tipos me dicten qué debo sentir en este preciso momento”, me dije.
Seguramente fue una reacción exagerada, pero ya he dicho que ha sido un verano demasiado complicado en muchos aspectos. Y todo tiene un límite.

¿Qué ocurriría si a través de los medios se difundieran mensajes de empatía hacia los demás, de generosidad y de amor? ¿Qué sucedería si el ejemplo a seguir fueran los personajes nobles y desprendidos, y no los retorcidos, los crueles, los que sólo buscan su propio provecho? ¿Alguien se atreve a imaginarlo?
Creo que al menos, merecería la pena probar. Y, por cierto, estoy convencido de que las historias que fomentan nuestros aspectos positivos no tiene por qué ser aburridas.

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