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El periodismo ya no es divertido

the wire

David Simon, guionista de la celebrada serie televisiva “The Wire”, fue cronista durante años en The Baltimore Sun. Preguntado por qué dejó el periodismo respondió: “Unos tipos compraron el periódico para el que trabajaba y dejó de ser divertido”. En realidad, esta es una versión suavizada. En sus manifestaciones reales en lugar de “tipos” aparecía un duro calificativo en el que se mencionaban las madres de los compradores (lo he omitido porque, al fin y al cabo, dudo de que las pobres madres tuvieran algo que ver con lo ocurrido).

La anécdota la refleja el periodista Ignacio Escolar y sirve para explicar parte de la actual situación de los medios. Hace tiempo que los periodistas han dejado de tomar las decisiones fundamentales que afectan a su trabajo. Los profesionales que pueden permitírselo buscan nuevas vías para desarrollar su vocación con un cierto grado de independencia; la gran mayoría, en cambio, aguanta como puede y trata de adaptarse a un entorno cada vez más complejo en el que contar buenas historias ha dejado de ser una prioridad.

Los medios de comunicación han ido perdiendo en un proceso lento, y al parecer ya inexorable, el carácter de instrumentos de formación en valores de la opinión pública y de control frente a los abusos del poder. Salvo honrosas excepciones se han convertido en empresas cuyo objetivo es producir beneficios mediante la venta de un bien material llamado noticia. Por supuesto, no hay nada malo en querer ganar dinero de ese modo; el problema es cuando para lograrlo sacrificas todo lo demás, incluyendo el sentido inicial de tu propio negocio.

La mentalidad mercantil lo ha devorado todo. Y la producción de información y el manejo de las plantillas de profesionales se somete implacablemente a esta lógica. El tratamiento de la noticia como un simple bien de consumo de producción rápida y a bajo coste redunda en la pérdida de calidad de los contenidos. Es inevitable. Los profesionales son cada vez menos, están más estresados y tratan de cumplir como pueden con su tarea de llegar a tiempo a la cita diaria con la sociedad. El resultado es que casi todo el mundo termina contando las mismas cosas y de una forma parecida. Y eso frustra a los propios periodistas, que desearían disponer de tiempo, de medios, y hasta de la comprensión de sus jefes, para poder ir más allá de la simple superficie de una historia.

Yo he sido uno de esos miles de profesionales anónimos que se ha visto afectado por esta apabullante lógica mercantilista, y reconozco que eso me ha movido a poner por escrito estas reflexiones. De no haber sido recientemente despedido, seguiría aguantando el tipo, limitándome a quejarme frente a una cerveza en compañía de algún amigo. Los periodistas asumimos casi todo con tal de seguir adelante con nuestra vocación. No se nos debe culpar. Simplemente somos así, amamos demasiado lo que hacemos.

Pero es cierto: hace tiempo que el periodismo ha dejado de ser divertido.

 

Artículo publicado Noticias de Álava el 31 de julio de 2015

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